El Hincha
Domingo, 30 de Agosto de 2009
Son recordadas las palabras de Enrique Santos Discepolo para definir al hincha de fútbol, pero el término "hincha" no nació en Argentina, es de origen uruguayo.
Prudencio Miguel Reyes (talabartero de profesión), había sido empleado por Nacional de Montevideo para ocuparse de cuidado de las pelotas que utilizaba el club. Una de sus tareas era inflar ("hinchar" en la Banda Oriental) las pelotas que se iban a utilizar antes de cada partido.
Reyes alentaba a su equipo con arengas y gritos que sobresalían por encima de los otros correctos fanáticos.
Los comentarios de la gente no tardaron en aparecer: "Mirá cómo grita el Hincha" decían refiriéndose al utilero, por su tarea de "hinchar" los balones de juego.
Buscar una definición de Hincha es una tara difícil aunque muchas personas lo han intentado con suerte dispar. A continuación 2 de esas definiciones:
Según Roberto Arlt (en "Nuevas aguasfuertes porteñas")
Sujeto de cara encendida y léxico bramoso.
El hincha (…) bocaza perrera o mastinesca (…) es carne de cañón. Cae a los stadiums como la langosta, y si no se come el paso que hay junto a los alambrados, lo aplastan todos los cascos de una tropa de caballos. Entre o no entre, pero si consigue filtrarse, casi siempre se ingenia para instalarse en las populares y vociferar desde allí palabrotas que hacen rechinar sus mandíbulas; con tanto entusiasmo las vomita al espacio.
Según Eduardo Galeano (del libro "El fútbol a sol y a sombra")
Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio.
Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno.
Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos.
Rara vez el hincha dice: "hoy juega mi club". Más bien dice: "Hoy jugamos nosotros". Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.
Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval.
www.vivirenargentina.com/el_primer_hincha-312.html
http://es.wikipedia.org/wiki/El_Hincha

